Hace 11 minutos
lunes, 15 de agosto de 2011
Con Vuestro permiso Mi Señora, (Reposición)
Bien se que hoy es día de honraros a Vos, Mi Señora, que es día de que todos los pueblos y fiestas celebren Vuestras representaciones y Os honren como merecéis, pero quiero pediros permiso para solicitar una excentricidad de un cada día más ferviente devoto de Vuestro Hijo, Nuestro Señor Jesucristo.
Acostumbrados a orar a nuestro Señor Jesucristo en peticiones, ruegos, reclamaciones y agradecimientos, en el día de su madre quiero pedir una oración por Nuestro Señor, quiero ser tan prepotente y atrevido de rezar al Padre por el Hijo. Y quiero hacerlo con el beneplácito de la primera mujer, de la Madre de Dios, de la mujer que hizo, hace y hará que la humanidad tenga humanidad, por eso, y con la cabeza agachada y la rodilla en tierra quiero orar al Padre por su Hijo:
Permítame, Dios Padre, pedir por su Hijo, mi Señor Jesucristo, para que siga dándonos fuerzas, fe y credibilidad a cuantos cada día intentamos asimilar sus enseñanzas y su manera de vivir. Permítame, Dios Padre, rezar por Nuestro Señor Jesucristo para que cada ser humano sea capaz de comprender la bondad y la necesidad del ejemplo que trajo al mundo el verbo hecho carne.
La primera vez que recorrí el camino al altar frente a la imagen de Nuestro Señor lo hice avergonzado pensando en el qué pensarían; la primera vez que me arrollidé solo ante el altar lo hice con el miedo tembloroso de las miradas que me observaban, hoy me siento muy orgulloso de ese recorrido, de ese arrodillamiento y de esa pleitesía que rindo ante Nuestro Señor. Y camino recto hasta el altar, me detengo frente a la imagen de Nuestro Señor, golpeo mi pecho y me hago la Señal de la Cruz, me arrodillo y rindo mi juramento de vida ante quien o quienes me observen porque me siento muy orgulloso y satisfecho de poder decir "Nada para mí, Señor, nada para nosotros, todo para la Gloria de tu Nombre".
Por esto, y lo que me callo en el respeto, hoy día de la Virgen María quiero honrar a cuantos han velado su espada y su Cruz, a cuantos permanecen fieles a sus creencias, a cuantos no doblan ante las adversidades y ante cuantos han fallecido en la Gloria de Nuestro Señor.
Esta noche, como cada año, velaré mi espada en el silencio del respeto y de la revisión de conciencia, mañana volveré a tener las fuerzas suficientes para si hace faltas empuñar esa espada en defensa de la cristiandad.
“Non Nobis Domine, Non Nobis, Sed Nomine Tuo Da Gloriam”.
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)



0 comentarios:
Publicar un comentario en la entrada