Quedan seis días y pocas horas, unas tres para estar con La Virgen del Rocío un año más. Quizás es el día más importante del año, esos breves momentos, que hay quien dice que son horas, pero de breves se me hacen segundos y que son el oxígeno para todo el año. Luego suelo volver a visitar a Nuestra Señora al menos dos veces más, pero nada como su Salida de la Ermita, nada como la gente llena de un algo que jamás se podrá explicar.
Se dice que acudimos más de un millón de personas y, sin embargo, cada vez me siento más de tú a tú con Nuestra Señora, cada año la siento más cerca, cada ocasión que la visito la noto más Señora, más Blanca Paloma, más Divina Pastora. La Fe dicen que es muy personal, quien la quiera conocer que visite a La Virgen del Rocío.
Llegaremos a caballo, que montaremos el domingo bien entrada la tarde, y cuando Nuestra Señora vuelva a la Ermita volveremos con las monturas o quizás caminando si se tercia, porque el cansancio desaparece tras una noche sin dormir pero acompañando a Nuestra Señora.
“Non Nobis Domine, Non Nobis, Sed Nomine Tuo Da Gloriam”.
Hace 9 minutos



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