¡Cómo pasa el tiempo! Otra vez es este maldito y bendito 8 de marzo. El mismo día del cumpleaños de mi madre y el mismo día en el que falleció, y parece que fue ayer cuando la familia se deshacía en lágrimas y nadie entendía el porqué una mujer buena debía abandonarnos. Precisamente por eso, por ser buena madre, abuela y esposa Nuestro Señor Jesucristo decidió llevarla con Él. Y no son palabras de un hijo dolido, es la verdad de las verdades.
Durante su vida repartió esa bondad que tienen las madres, siempre ayudando, siempre encubriendo y hasta conspirando para no delatar a sus hijos en las faltas propias de la edad. Recibía a los necesitados y repartía lo suyo con ellos sin mirar a quien se lo daba, eso sí, con una certeza de que realmente eran necesitados porque un día me dijo que hay que ser caritativo pero no bobo, que si te dejas engañar por una falsa caridad estás haciendo daño al que de verdad lo necesita.
Sigue con nosotros cada día, no hay decisión que se tome en el hogar donde no se pregunte qué hubiera hecho mi madre. Y se siguen sus costumbres en la mesa y hasta en la decoración de la casa de mi padre, en el orden, en la disciplina y en las enseñanzas a sus nietos sobre las personas y el respeto. Cada fiesta, cada celebración, cada alegría y cada pena o tristeza ella está presente como siempre lo estuvo, porque una madre tiene ese curioso instinto de saber cuando las cosas van mal y de repente te aparece con la solución a todos los males. Porque, aunque no esté físicamente, cada noche besa a sus hijos y nietos, a su esposo, a cuantos ella quería y que son muchos. La prueba la tenemos en las misas funerales anuales y en las extraordinarias donde siguen acudiendo el mismo número de personas, incluso el año pasado más. Una tumba siempre limpia y con flores frescas me dicen que no está olvidada por quienes son su familia o amigos.
Yo se que desde donde esté nos cuida y protege y lo notamos cada vez que metemos la pata, notamos como su recuerdo nos lleva a enderezar la situación y volver a la normalidad, a esa normalidad que nos ha permitido formar unas familias y llevar vidas ordenadas dentro de lo que ella nos enseñó. La debemos mucho, una vida de sacrificio como la de cualquier madre, la debemos estar hoy como estamos y vivir como vivimos, pero ante todo la debemos mucho amor, ese amor desinteresado que nos regala cada día y que nosotros aceptamos casi como una obligación por su parte en lugar de como el regalo que es. Un beso muy fuerte mamá, ¡que palabra más bonita, mamá!
“Non Nobis Domine, Non Nobis, Sed Nomine Tuo Da Gloriam”.
Hace 1 hora.



5 comentarios:
Nuestro mas sentido penar por tan triste recordatorio, pero también nuestra fé en Jesús nos da consuelo en la esperanza de la resurreción.
Estoy segura de lo que dices,ella sigue cuidandoos. Un besazo enorme
Yo la conocí, una mujer buena y desinteresada, una madre que nos crio a muchos de tus amigos. Yo estare en el funeral
Seguro que ahora mismo está en el Cielo.
En Gloria y con Nuestro Señor está. Siempre estará con vosotros protegiéndoos
D.E.P.
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