Este año no tengo espíritu navideño. Yo soy cristiano, muy cristiano de los que a veces damos con el mazo mientras oramos. Y en estas navidades no me siento “navideño”no siento la alegría de una de las fiestas principales de mi religión. Ni siento el agradecimiento hacia mi Dios por haber reencarnado a su Hijo entre los hombres para nuestra salvación. Pero estas navidades me siento más cristiano que nunca, porque siento cercano el dolor humano, el temor de las gentes y la soledad de millones de necesitados abandonados por una sociedad materialista que celebra la Navidad cristiana como unas fechas más que comerciales. Pero me falta ese espíritu navideño de zambomba y sidra, de matasuegras y de villancicos. Este año haré sonar la pandereta dentro de mí y cantaré los villancicos en mi recogimiento cristiano celebrando la Natividad de Nuestro Señor con el silencio y el respeto que se merece el acontecimiento.
Porque la Natividad cristiana es una fiesta de unión, no de consumo. Es una celebración a la vida, se celebra el Nacimiento del Hijo de Dios, no la muerte de miles de no-natos asesinados. Se celebra la reunión familiar, no las separaciones y las faltas de familiares por compromisos consumistas o fiesteros. Se celebra la solidaridad de todo el año, no las caras de pena por las circunstancias de las fechas. Se celebra el compartir lo que nos sobra, no el sentar en nuestra sobrada mesa a “un pobre” un día determinado. Se celebra el entregar nuestro sentimiento hacia los más queridos, no el regalar un algo innecesario. Se celebra la Natividad, no la idea de un sistema consumista y opresor.
Datar certeramente la fecha del Nacimiento de Jesús es tema de historiadores que solamente coinciden en las fechas por el eclipse de luna y por la celebración de la Janucá judía que ese año festejaron asesinando a Los Santos Inocentes, a unos niños (¿qué importa la cifra?) como los que hoy en día siguen siendo asesinados incluso antes de nacer o muertos por el hambre y las enfermedades creadas por un sistema que pretende celebrar estas fechas con la misma hipocresía con la que hablan de paz y de humanidad. Eso no es Navidad, eso es un negocio representado por un gordo borracho vestido de payaso que quiere significar la unión entre la fiesta pagana y la cristiana. Unas fiestas donde debiéramos entregar lo sobrante de nuestras casas a los más necesitados en lugar de vestir nuestras mesas con mariscos y vinos imposibles; unas fiestas que han arrebatado ese espíritu navideño a los cristianos para convertirlos en seres cargados de bolsas con regalos y de apariencias judáicas unas fiestas donde se sonríe y se desean buenas cosas durante unos cortos días de la más cruel de las hipocresías humanas.
Por eso este año no tengo espíritu navideño, tengo espíritu por cuantos ven las luces que adornan las ciudades y desearían poder calentarse con ellas; tengo espíritu por quienes duermen entre cartones a las puertas de las grandes confiterías y reciben una moneda por se Navidad; tengo espíritu por todas esas honradas madres que están a la espera de dar nuevas vidas y que son tratadas casi como bichos raros cuando hacen lo más hermosos de la Navidad: la Natividad.
Por eso este año no tengo espíritu navideño, tengo espíritu por cuantos ven las luces que adornan las ciudades y desearían poder calentarse con ellas; tengo espíritu por quienes duermen entre cartones a las puertas de las grandes confiterías y reciben una moneda por se Navidad; tengo espíritu por todas esas honradas madres que están a la espera de dar nuevas vidas y que son tratadas casi como bichos raros cuando hacen lo más hermosos de la Navidad: la Natividad.
En Navidad los cristianos recordamos a quienes nos dejaron y los recordamos con anécdotas de cuando estaban en carne junto a nosotros, pero los recordamos con cierta pena dentro de un egoísmo humano cuando realmente este año si debiéramos brindar y alegrarnos porque están junto al Padre, porque han cumplido su misión como carne y pasan a ser esas almas a las que debemos honrar con verdadera admiración. Ellos seguramente son los que lloran por nosotros al ver que descorchamos miles de botellas mientras muchos de nuestros hermanos, amigos, conocidos, hacen cuentas para ver si pueden poner en su mesa algo de mazapán para sus hijos.
No celebramos un cumpleaños, ni tan siquiera un algo histórico, debemos celebrar la Nueva Vida que Dios nos otorga y debemos hacerlo desde la conciencia de que somos muy afortunados de poder sonreír mientras millones de personas padecen de la miseria creada por los mismos inventores de estas Des-navidades humanas. Y esta Nueva Vida debemos enfocarla para el bien, para encaminar nuestra existencia carnal hacia la humanidad, a hacia lo justo y necesario para la defensa de nuestros hijos y de cuanto nuestros ancestros nos han donado.
La Natividad cristiana ya no existe, simplemente nos quedan esas cuatro luces, los tambores y los petardos, algún que otro manipulado villancico y mucho desprecio para los que no tienen nuestras posibilidades. Quizás la adaptación de estas fechas de la luz y la oscuridad debamos celebrarlas honrando a esa luz y a esa oscuridad, a esas cosechas que nos dan de comer y a esos dioses palpables. No se, no estoy seguro de creer en la Navidad cristiana pero de lo que si estoy seguro es de que mucho mejor nos iría si encendiéramos una higuera que nos ilumine y caliente el huerto del que más tarde se alimentarán quienes deban hacerlo, no el horno del que comen quienes lo crearon para hacernos pensar que una Navidad cristiana es una tarjeta de crédito, dos besos a ala abuela y un “feliz navidad señor pobre, abríguese que hace frío…bueno, señor pobre, tenga usted un euro y no se lo gaste en vino que me tengo que marchar que me esperan para cenar la familia que ha venido toda al completo….¿tiene usted familia señor pobre?…
“Non Nobis Domine, Non Nobis, Sed Nomine Tuo Da Gloriam”.



4 comentarios:
¡Que me vas a contar de espíritu navideño!...
Desde hace unos días, un grupo de liberales no para de atacarnos a mí y a Daorino. La última es la de decir que "somos enviados de Satanás que les hemos amenazado verbalmente".
En fin, camarada, que con gente así no se puede sentir el buen ambiente que debería haber en estas fiestas.
Te deseo una muy feliz Navidad.
Dinos donde os atacan y vamos a reírnos todos juntos
Hola, Iskader. Gracias por tu interés. Soldado y yo hemos sido objeto de ataques por parte de unos despreciables liberales; y no sólo eso, son una panda de protestantes con algún que otro ateo. Lo de más “ya te lo he dicho” por otro medio.
En cuanto a la navidad, ese espíritu se pierde, desgraciadamente: mientras tanto crece el espíritu del consumo y de la media luna. Gente como tú, Iskander, debe mantener vivo el espíritu decente que ha alumbrado este país durante siglos hasta la llegada de la idiotocracia. No te desilusionas. Eso no te lo puedes permitir ahora, así que ánimo. Agachar nuestra cabeza ahora es una vitoria para “ellos”.
Iskander, tú eres un cruzado, y nuestra cruzada está en nuestro propio suelo. Jerusalén es ahora tu barrio, tu ciudad, tu país. No debemos dejar que tomen lo que sólo a nosotros y a los nuestros nos pertenece.
¡AE!
Creo que se le está dando demasiada importancia a un personajillo que dice ser liberal, que más que nada mueve a risa, que físicamente parece más un mestizo sudamericano que un español, que es probable que esté mentalmente perturbado y que, en su momento, ya fue oportunamente excretado por organizaciones neoliberales serias que existen en España, con las cuales está resentido.
(Al decir serias no quiero decir que simpatice con ellas en absoluto. Simplemente quiero decir eso, serias).
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