Hace 59 minutos
martes, 7 de septiembre de 2010
Rectitud
Esta palabra, olvidada palabra, es la que marca la diferencia entre los que valen y los que sirven sin valer. La rectitud es la constancia, la honestidad, la honradez, la grandeza de la persona que no varía ni variará jamás sus principios. Es la palabra que define a la persona que mantiene sus ideales, su perseverancia y hasta su arrogancia en la defensa de lo que él cree como cierto y válido. Es lo que falta en la sociedad, es lo que falta en la humanidad, es lo que no se valora pero siempre se ataca.
Cuando un hombre usa su rectitud no puede mediar el silencio de sus opiniones, ni disimular sus gestos o sus desafíos por lo que ve o presencia. El hombre con rectitud es un hombre siempre con la palabra de sus principios en la boca, cueste lo que cueste y pese a quien le pese. El hombre con rectitud es el hombre que triunfa a la larga por más zancadillas pueriles que se le pongan.
No se deja comprar por nubes de humo, ni por los ahora sí y ahora no. Ni por buenismos, ni por oportunismos, ni por circunstancias, ni por cinismos, ni por vandalismos ocasionales. Sigue sus líneas, se corrige a sí mismo en sus defectos pero nunca se arrepiente de lo que ha hecho o dicho porque ha salido de su yo, desde su interior...que es lo que vale en la persona. El resto son hipocresías y malformaciones humanas que incitan al egoísmo, al egocentrismo y a las vanidades.
Cuando una persona íntegra no está conforme con ciertos temas o personas, debe decirlo, es su obligación exponer su disconformidad, lo contrario es ser una veleta oportunista, un títere manipulado por el más hábil del momento. Y de estos, últimamente, hay muchos. Personas influenciadas, sin personalidad definida, sin saberes ni quehaceres, que reniegan de su Dios( que no es más que su propia personalidad). Indefinidos sociales, indigentes pensantes, errantes y erradores constantes.
La rectitud debe mandar nuestra vida, es el primero de los valores para poder aplicar el resto...lo demás...paparruchas. Y si me equivoco, al tiempo, que el tiempo es quien otorga razones.
“Non Nobis Domine, Non Nobis, Sed Nomine Tuo Da Gloriam”.
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1 comentarios:
Sólo una cosa: magnífico.
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