Se supone que un sindicato es una asociación de personas que se agrupan para defender los intereses sociales, laborales , profesionales y económicos de los trabajadores de su sector. Y esto se supone simplemente porque la realidad es muy diferente. Hace muchísimos años que en España no hay sindicatos, sino vendidos muñecos trapicheros a las órdenes del poder y con el fin de ser la patronal de los trabajadores. Los que debieran ser los intermediarios entre las empresas y los trabajadores se han convertido en los aliados de los gobernantes para que estos dominen tanto a empresarios como a currantes despistados que no saben ni por donde les vienen los palos.
La figura del sindicalista es la de una persona convencida de las posibles mejoras laborales con el fin de que tanto empresa como trabajador salgan beneficiados y, de esta manera, la empresa crezca y el trabajador obtenga más ventajas. La figura es la de un luchador, un trabajador que vive al día los problemas de sus compañeros y que sufre con ellos las ventajas y desventajas ocasionadas por el mundo laboral. La figura del sindicalista es la un perfecto compañero que se desgañita por el bienestar de los suyos. Y esto es la teoría romántica del sindicalista porque en esta España que nos queda tenemos la figura real del sindicalista. Un trabajador espabilado que se afilió el primero al sindicato, o el primo de algún pez gordo sindical o el hermano del cuñado de la vecina del cuarto. Normalmente son trabajadores poco cualificados, vaguetes con labia pero sin brazos. Caraduras que se plantean entrar en una empresa, hacerse sindicalistas y...a vivir que la vida es breve y currando más aún.
Un dato muy silenciado es el número exacto de liberados (¿qué es eso de liberados?) a los que mantienen sus compañeros. Se calculan unos 57.000 con un coste superior a los 1.600 millones anuales. ¡Ahí queda eso! quien quiera y pueda digerirlo que lo haga. No es de extrañar que cada vez que los sindicatos convocan reuniones o huelgas o manifestaciones las cifras de asistentes no bajen de los 15.000...sólo faltaba ya que encima de mantenidos desagradecidos. Pero ahí están, tan contentos de figurar como liberados, de gritar de vez en cuando en el comedor de empresa o de quejarse por lo que le diga el empresario para burlar el entendimiento del trabajador y que al final se haga lo que la patronal quería.
Con la crisis se ha demostrado la inutilidad del sistema sindical tal y como está concebido. Si los sindicatos defienden a los trabajadores ¿no serán culpables en parte del aumento del paro? ¿no serán culpables de los contratos basura? ¿de la temporalidad? ¿del cierre de empresas? ¿porqué cada vez las multinacionales son más poderosas y los trabajadores más serviles?.
No a los sindicatos hasta que no demuestren su competencia, su valía y su honradez. No se puede creer en personas que no muestran cuentas públicas, ni dan datos de afiliaciones o de liberaciones. Ni muestran logros más allá de banderas en las calles y pérdida de derechos laborales para los que ellos dicen defender. Los sindicatos son las marionetas del gobierno y, por eso, debemos cortar esos hilos y volver a empezar desde cero, desde un cero real para poder llegar a la creación de empresas con trabajadores de futuro.
“Non Nobis Domine, Non Nobis, Sed Nomine Tuo Da Gloriam”.
Hace 59 minutos



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