Hoy iba a escribir sobre mil temas, pero visitando la web de "Tribuna de Europa" me he quedado no de piedra, ni helado, ni pasmado, ni asustado, sino casi lloroso y espantado de la barbaridad de que 100.000 ancianos mueren atados en las residencias. Esta barbaridad inhumana, prehistórica, salvaje de verdad me pone el corazón tan acelerado que me dan ganas de acudir residencia por residencia para contabilizar los profesionales que atienden a los ancianos a un mínimo de 1800 euros por persona. Y estamos hablando algo,mucho más, que de personas, estamos hablando de quienes labraron nuestro futuro, de quienes quebraron sus columnas para que hoy nosotros tengamos lo que disfrutamos y despreciamos, hablamos de nuestros mayores. La sociedad que no respeta, valora y cuida a sus mayores no es sociedad, es un atajo de cabrones mal nacidos y con sentencia de desprecio.
Antes, cuando "los malos tiempos de la dictadura" curiosamente el cabeza de familia mantenía a la "pobre ama de casa", a sus cuatro hijos y a los suegros. Sí, porque, antes los padres de tal o de cual se iban a vivir con los hijos y juntaban las economías pequeñas para hacer una fuerte, pero ante todo juntaban los cuidados, las enseñanzas y lo fundamental para los humanos, el cariño. El cariño, el amor familiar es lo que mantiene las ilusiones de las personas, el trato impersonal, limpio de lejía médica con sábanas acartonadas y dependencias muy lujosas pero sin calor familiar es lo que consume a la persona.
Horas y horas de soledad, compartir hasta habitación en la vejez con un alguien desconocido a sabiendas de que tus hijos gozan de vacaciones y de familia, de desayunos dormidos, de comidas tardías, de ropa para planchar o de nietos que llegan tarde al colegio...eso mantiene vivo al anciano. Bien es cierto que el capitalismo, esta sociedad de consumo, de gasto, de prisas, de despersonalización y de realización de las personas nos ha llevado a admitir las residencias(asilos) como "tranquila mamá que vas a un hotelito". Pero eso consume al anciano, porque el anciano lleva su vida entera luchando para que tal o pascual tengan sus tres televisiones y sus buenas carreteras, y se ha pasado años y años portando peso o sumando cuentas o planificando puentes para que su descendencia viva mejor. Y ahora se lo pagamos de esta manera.
Los presupuestos de un Estado deben, primero, empezar a pensar en cómo y porqué se tiene la cantidad que se tiene para administrar y mirar quienes lo han logrado. No seamos injustos, canallas, pero ante todo no dotemos de barras de oro nuestras barandillas y digamos que no hay dinero para mantener al personal necesario para evitar que un anciano esté atado en su cama. Si otros, tan de moda que está el mirar fuera de las fronteras, no atan a los ancianos, fijémonos en eso y no en si tienen o dejan de tener éste o aquel coche.
“Non Nobis Domine, Non Nobis, Sed Nomine Tuo Da Gloriam”.
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4 comentarios:
Eso es una verguenza, esos despreciables son "profesionales", sin un minimo de educacion y respeto a los mayores, les tendrian que pagar con la misma moneda, que gente mas ruin.
Deplorable. Es deplorable.
Y más deplorable aún que la gente que mayormente es la que más RESPETO regala a los demás, es la que más encerrada está.
Yo nunca he visto demasiado bien las residencias de ancianos, pienso que ya que los padres crían y trabajan por los hijos, estos deberían ser leales y devolverles lo que les dieron en su día.
Nuestro padres y abuelos, que han trabajado de sol a sol, para sacar adelante a su familia, son ellos los que han contribuido a que España saliese adelante, con su trabajo, esfuerzo y sacrificio, son ellos los que realmente han sido los que han contribuido un Estado del bienestar, esas pensiones, esa seguridad social, esos subsidios...
(que ahora se están cargando estos "políticos")
Que menos que una mínima atención, un cuidado, un respeto, un orgullo ante nuestros padres y abuelos.
Siempre hay malnacidos y desgraciados que abandonan a sus mayores cuando nos les sirven, es así de triste, pero la vida da muchas vueltas y lo que haces te lo devuelven.
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