lunes, 27 de septiembre de 2010

La silla de Moaña

La silla de Moaña, la iniciativa popular, las ideas de un par de artistas( con buen nombre pero para nosotros sin él porque son héroes anónimos de un pueblo callado, silencioso y mermado en su capacidad de avance). Un día cualquiera dos jóvenes artistas plantaron su obra en un monte, en un cerro, en un elevado de campo, con vistas al mar, a su ría, a la ría de Moaña. Y nadie supo cómo y porqué apareció esa escultura y qué significaba. Y eso que a simple vista te da una tranquilidad inmensa y te explica lo que es este pueblo de Vigo: reposo, meditación y tranquilidad, el lugar ideal para el descanso y para unas vacaciones donde encontrarse a sí mismo. El lugar ideal para sentarse dentro de nuestra Galicia, de nuestra España y contemplar la ría, contemplarse a uno mismo, sentirse y pensar, pensar y admirarse de la belleza natural de nuestras tierras y de nuestra humanidad. Un lugar para comer bien, para disfrutar del tiempo y para admirarse de lo que el hombre no ha destruido. Esa es la silla de Moaña, o al menos así la veo yo.

Pero ante la tranquilidad, la naturalidad, la espontaneidad, la libertad de expresión, la necesidad de un algo diferente al sistema, siempre salen los que no saben nada más que figurar por lo ajeno y no por sus méritos. En este caso cuatro ecologistas y el del tambor( la gaita en este caso) que se sienten minoría y, bien es sabido que, las minorías desean el escándalo para ser escuchadas por su inutilidad de razones y de potencia popular.
Tocan los ecologistas, los primeros que se han apuntado al carro detrás del oportunista empresario tan torpe en sus gestiones que necesita del oportunismo momentáneo para ahorrar no solo publicidad, sino ingenio y valentía empresarial. Un empresario que se adjudicó ladinamente la obra y se tuvo que retractar con miserias de ofertas económicas hacia los artistas, hacia quienes han hecho sonreír al pueblo, hacia quienes han logrado que Moaña sea visto en todo el mundo con cuatro maderas, cinco clavos y mucha, mucha voluntad creativa.

Pero quien manda en el pueblo es el mismo pueblo y éste se ha manifestado con una "romería" de apoyo a la idea. porque sentarse o sentirse sentado en esa silla es la experiencia no de dos artistas simplones, sino de dos personas que han despertado la unidad, la lealtad, el amor a la tierra y la satisfacción y orgullo de un pueblo que de la noche a la mañana debe darse cuenta de que es mucho más que un `pueblo, que es un sentimiento, una forma de vida tan especial y única que simplemente desde esa silla se puede entender.

Yo me debo preguntar ¿qué hace un grupo ecologista preocupándose de una construcción del siglo tarará? Bueno, realmente de una piedra que queda de lo que se supone fue un castillo. ¿Qué hace quejándose de la ubicación de la silla y porqué no ha protestado por esa piedra en mitad de la naturaleza?. Dejen, señores ecologistas de subvenciones, las piedras a los canteros y ustedes protejan la ría de Vigo, la ría de Moaña, la ría de la silla. Dedíquense a evitar mareas rojas o a limpiar los montes, pero no nos vengan con memeces de reliquias históricas que eso es una contradicción a sus principios, so memos.



“Non Nobis Domine, Non Nobis, Sed Nomine Tuo Da Gloriam”.
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