
Por decretazo, por cojones, por torpeza, por inutilidad. Se acabó el juego, se acabaron las reuniones para justificar subvenciones y gastos de dietas. El decretazo de la reforma laboral ya está en el BOE. Sin debate parlamentario como exige la democracia, sin acuerdo mayoritario como exige la democracia, por sus santísimos cojones y por su asfixiante necesidad de cumplir con lo que le han ordenado desde el extranjero.
Ya dijimos que para reformar algo primero debe estar construido. Y España no puede reformar lo que no tiene, no puede reformar las leyes que rigen un mercado laboral inexistente y cada vez tendente a desaparecer como tal. No se reforma, en cualquier caso, hablando de despidos, sino de contratos. No se regula hablando de ayudas gubernamentales, sino de evitar que los empresarios necesiten de esas ayudas. No se regula hablando de un puñado de días de indemnización, sino de seguridad del trabajador para no tener que pensar en ese despido.
España necesita una reforma de sistema no de puntillitas simulatorias de la buena fe y el trabajo de los políticos. Desde que entramos en el euro, puto euro, no levantamos más cabeza que la deuda y la mentira social. Nuevos ricos sin haber cobrado el décimo de lotería. Sin productividad, sin industria, sin pesca, sin agricultura, sin casi turismo....no quieren que seamos una nación de sol, playa, paella y verduras...precisamente eso es lo que nos colocó como octava potencia mundial, no hay que olvidarlo.
Hace dos semanas reunido con la élite pensante de la hostelería turística concluían los poderosos señores de despacho y mercedes nuevo que el turismo en España estaba creciendo y que la hostelería notaría este aumento en breve. Y esta conclusión la desarrollaba un empresario hotelero que ha sido uno de los culpables de la crisis del sector. La edificación y construcción de innumerables hoteles, de apartamentos turísticos, de restaurantes franquiciados...ha masificado la oferta contra la misma, o incluso más barata, oferta. Donde antes teníamos dos hoteles y 5000 clientes, ahora tenemos 15 hoteles y 4500 usuarios. Donde antes un camarero profesional llevaba un rango de 10 mesas, ahora están inmigrantes y son necesarios 4 ó 5 para sacar el mismo trabajo con una, encima, menor caja de beneficio. Como consecuencia el empresario, conocedor de la necesidad de ese torpe personal por su costo barato pero incapaz de mantenerlo, opta por el despido o quiebra de las instalaciones. Dejando no solo parados y deudas, sino aspecto tercermundista en donde se suponía habría el turismo de Miami, como poco.
En esa misma reunión se concluyó que lo mejor era " no ampliar negocio de cara a la temporada para evitar tener que contratar trabajadores o reformar instalaciones". Esto quiere decir que las terrazas playeras mermarán su capacidad tanto de espacio como de servicio, aparte de las reducciones de personal profesional sustituido por temporales sin experiencia. Pero la conclusión es sencilla: al final todos comen, de una u otra manera pero todos comen. Y el cliente parece tonto por el sol y el relajamiento de las vacaciones, pero no es gilipollas y si las grandes empresas hoteleras se llevan a los profesionales a lugares como Marruecos con precios más baratos y mejor servicio, ya sabemos dónde se van a tomar el sol los clientes y a comerse la paella, sí, la paella porque curiosamente en Marruecos se venden tantas o más paellas que en España.
España necesita esa reforma laboral, más que no tengamos mercado para aplicarla, pero una reforma laboral que empiece por el especulador, los intermediarios y los políticos. Hay que producir y no se produce vendiendo la industria al extranjero ni soñando con que vendrán tiempos mejores.
“Non Nobis Domine, Non Nobis, Sed Nomine Tuo Da Gloriam”.


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