viernes, 7 de mayo de 2010

Pateras y cayucos

Entrada repetida de junio de 2009 por motivos de tiempo, bueno, de pereza.

Parece ser que la vigilancia costera o el tiempo o ese billete-patera les da camino hasta la costa murciana, cualquier día llegarán a Vigo. No es tema volver a hablar sobre las mafias que traen a los pobrecitos desvalidos, a los necesitados que viene a mejorar su vida y toda esa charla imbécil e incoherente a la que nos tienen acostumbrados los pro-invasión.

Al principio daba verdadera pena ver las escogidas imágenes de una prensa que llamaba a la caridad española y las declaraciones de unos políticos de puertas abiertas. Hasta las ong´s hacían su agosto con lasancianitas y algún que otro despistado lleno de buena fe. Pero ya no, el cuento se acabó y colorín colorado.

Son incontables los invasores que han usado este medio para intentar burlar a las autoridades, que por otra parte muchos no quierenescapar para ser acogidos en los centros de descanso donde les facilitan más de lo mínimo indispensable y donde les van a dar calle suelta para que ¿hagan? su vida. 300 euros y a correr por un mundo que no es el suyo. Nadie sabe quienes son pero los dejan en una libertad total para tropelías y devaneos amorosos por la fuerza. No se quieren integrar, tampoco queremos que lo hagan, pero su excusa es esa, la integración y la necesidad de una protección humana que en sus naciones no tienen.

Los verdaderos racistas y esclavistas, que son todos aquellos que promueven el efecto llamada para atraerlos a un mundo sin soluciones, andaban preocupados por la bajada de pateras a nuestras costas pero más que nada porque se les acababa el negocio de la carne. No hace falta decir que quien llama a estas personas con promesas de vino con miel y les da bilis son los responsables de cuantas muertes ocurren en el mar y de cuanta violencia provocan sus "llamados" en nuestra tierra. Otras gentes, otras culturas, otras tradiciones, otra manera de entender los derechos y de escaquear las obligaciones. Por eso se les debe devolver a sus naciones y preocuparse de que no tengan la necesidad de salir de ellas, no llamarlos y alimentarlos por sus simples lamentos.

Tenemos que acabar con ese sistema de invasión, mano dura y seria, repatriaciones masivas, mantenimiento el justo tiempo en presidios especiales pues no dejan de ser delincuentes indocumentados. Búsqueda y localización para la expulsión de cuantos entraron por esos ilegales medios y sobre todo apartar a estos delincuentes de la sociedad cuanto antes.


“Non Nobis Domine, Non Nobis, Sed Nomine Tuo Da Gloriam”.
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