domingo, 16 de mayo de 2010

Ni chicha ni limoná

Tarde de buenas voluntades y malas reses. Acudimos como siempre, invitados por Castella a verle triunfar en su "duelo" con El Juli. Ni más duelo que el del sol al ponerse ni más duelo que la lucha para que los bravos no doblasen antes de tiempo, cosa que hicieron en varias ocasiones. Siempre merece la pena ver al amigo-maestro Castella y máxime si va acompañado de El Juli y de un torero revelación pero sin la fortuna de la ganadería que lo aupe, Luque.

No nos aburrimos porque no se puede aburrir nadie ni en la corrida más tediosa, siempre con el corazón en vilo viendo al amigo frente al astado y cortando la respiración cuando introduce su pecho entre las defensas del animal ya resabiado. Pero sí algo de decepción en lo que esperábamos salidas a hombros y triunfos que no llegaron. Desilusión que fue más tarde recompensada con la correspondiente post-taurina tarde en Madrid, ese Madrid que rezuma gloria taurina y que ayer nos dejó esperando a la próxima actuación del maestro Castella donde volveremos a ocupar la barrera para desearle lo mejor de lo mejor en su arte. Suerte maestro.

Dejo copiada la crónica de Burladero.com:

La corrida comenzó bien, con las espadas en alto. El Juli y Castella, protagonistas del primer tramo de la temporada junto a Morante y Manzanares, se batían en duelo en Madrid. Duelo de triunfadores, con todo lo que eso conlleva. También, en Madrid, el ambiente a la contra, que anda más revuelto que nunca y no iba a fallar con su ‘estrella'.

A Julián trataron de reventarlo desde el primer muletazo. Con el repertorio completo de coros y danzas que estila la bilis. Y a todo ello se sobrepuso El Juli en una faena de mucha ciencia y, sobre todo, paciencia. El toro, que había cantado cosas buenas en el capote, con el que dejó lances estimables y un buen quite por chicuelinas, no se mostró tan a las claras mediada la lidia.

Sin apenas picarlo y cuidándolo mucho, Julián lo fue llevando poco a poco en línea, como en esos muletazos genuflexo de inicio, para que ganase confianza y rompiese a embestir. Es la ciencia del toreo. A muchos ejemplares hay que hacerlos. Y para ello hace falta paciencia, como la que tuvo El Juli, que pese a escuchar de todo, y nada bonito, aguantó y ganó la partida.

Rápido comenzó a meterlo en el canasto con la diestra en una serie muy templada y dejando la muleta puesta. No era toro de reventarlo por debajo de inicio, porque al deGarcigrande le costaba de primeras el último tranco. Y Julián lo entendió. Después, ya con el toro convencido, llegaron dos series por debajo de gran nivel, rotas, seguras, en la mano y firme la planta. De las de poner aquello boca abajo. Y aquello no se puso.

Quizá El Juli se empeñó demasiado en sacar una serie por el izquierdo que el toro no tenía. Por ahí no pasaba el Garcigrande, se revolvía y defendía, y enganchó la tela más de una y más de dos veces. Pero la raza de figura obliga a sacar esa serie para no conformarse con una oreja. Quería las dos. Y quizá por eso la faena no fue rotunda y acusó demasiado esas intermitencias.

El postre fue una serie en redondo más en corto, con el toro al límite ya y coronada con un cambio de mano de los de cartel. Y todo se fue al garete con la espada, que en toda la tarde viajó a los bajos y malamente.

No hubo más toros como ese. El segundo, más montado, se defendió de salida. Manseando mucho, no puso las cosas fáciles a Castella, que apostó por él en los medios cuando había dicho que ahí no quería nada y que en la primera parte de faena no le encontró el sitio.

Sin embargo, tras un desarme al natural y un cite a destiempo que casi le cuesta una fea voltereta, Sebastián tiró de raza y muchos pelés para montarse encima. Muy en corto, sin una duda, dejándose llegar al toro a las hombreras y a la banda de la taleguilla, Castella le pudo y se impuso, sin relajar un solo músculo ni dar un paso atrás. Con la oreja en el bolsillo, la espada se lo cargó todo.

A partir de ahí, la corrida se desinfló por completo y la tarde quedó en un "lo que pudo haber sido". El segundo de El Juli no rompió y se paró muy pronto pese a que lo cuidaron. El toro comenzó a defenderse, a salir a su aire con la cara alta y a no emplearse. Julián, seguro y solvente, apostó en los medios, lo llevó bien y tapado por la diestra, pero el toro le impidió lucimiento por la izquierda.

El quinto de Castella fue un borrico muy parado y a la defensiva. Sebastián se atascó en un planteamiento largo y plano, sin terminar de verlo y sin excesiva limpieza. No era toro para liarse a pegar muletazos, desarme incluido.

Unos pocos pegó
Luque, que sigue sin estar. El primero se defendió en los primeros tercios, como hizo el sevillano toda la faena. El sexto, manso de libro en el caballo, dejó estar con la muleta, pero Luque no estuvo en una faena larga, plana y sucia.


“Non Nobis Domine, Non Nobis, Sed Nomine Tuo Da Gloriam”.
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